Toqué el timbre y nada. El colectivo siguió de largo una, dos, tres cuadras más allá de donde había calculado bajarme. Podría haberme quedado donde estaba y tomar el 59 a Olivos desde ahí, pero el silencio que siguió al momento en que agité el monedero me dio la pauta de que no iba a ser así.
Con pesadez, volví por las cuadras que había observado desde la puerta trasera del 118 que había tomado en Once. Siendo domingo a las 21 hs, todavía con sol gracias a este novedoso horario estival, no era muy posible que consiguiera monedas y menos con simpatía.
Recordé que hace no mucho tiempo y por la misma zona de Recoleta, había recorrido tres maxi-kioscos en busca de monedas. Ni aun comprando alguna golosina barata, los kiosqueros se desprendían de tan preciados objetos. Malhumorada, ya pensaba en irme caminando hasta Retiro para poder sacar el boleto de tren en ventanilla y con un billete de dos pesos. Por suerte Farmacity vino al rescate.
Pensé que esta vez sería igual. Había encaminado mis pasos hacia el Farmacity de Las Heras y Pueyrredón cuando veo una Esso. Decidí probar suerte.
Con el aumento de los boletos, las monedas pasaron de ser un bien de lujo a convertirse en oro en polvo. Hay pocas y no se consiguen fácilmente.
Entré al Essoshop (o cómo se llame) como si nada. Tenía sed, así que tomé una botellita de agua mineral de las heladeras. Salía $2,20. Contaba con sólo veinte centavos en el bolsillo de mi jean y con dos billetes de dos pesos. Pagué con los billetes a la cajera, avisando que no tenía absolutamente ninguna moneda (¿para qué entrar en detalles?). Entonces vino la predecible pregunta:
- ¿Veinte centavos no tenés?
- No…
Por un momento, pensé que me iba a salir con “Está bien, me los debés”, como vienen haciendo muchos comerciantes y cajeros del subte. Pero aleluya, no fue así. En monedas chicas obtuve mi peso con ochenta centavos y pude pagar el peso con cuarenta centavos del pasaje que me traería a la casa de mis padres.
Quien diga que viajar en Buenos Aires adormece, se equivoca. Hay constante intriga y es necesario desplegar una importante táctica y estrategia para sobrevivir en la jungla gris.